Archivo de la categoría: Confesiones de un tarado

El cerebro de los hombres

los hombres no siempre piensan en lo mismo

Tras mis largos años de experiencia como oyente casual (o cotilla) de conversaciones femeninas, he llegado a la conclusión de que las mujeres se quejan, balbucean y protestan de sus novios (bueno, y de todo en general) porque no saben comprenderlos ni sacar el máximo partido del enorme potencial que tienen delante.Es como si a mi madre le dieran un iphone 4. Que no sabiendo que hacer con semejante maravilla, se acabaría frustrando.

Esta inseguridad que da el tener ante si una joya tan valiosa, hace que las chicas se pasen horas y horas analizando las frases y comportamientos de sus novios en busca de claves y significados ocultos provocando con ello que frases como Me apetece comerme un helado puedan tenerlas horas y horas entretenidas. Vamos a analizar algunos casos.

1.Conduciendo en tu coche. Es de noche,cae una tormenta que parece el diluvio universal.La carretera es estrecha y llena de curvas y la visibilidad penosa.Tu vás concentrado y en silencio rogando al cielo por no tener un accidente. Ella te mira y piensa: Que callado va, y que cara tan seria.Seguro que está enfadado por algo que he dicho. A lo mejor es que ya no me quiere y por eso no abre la boca. Continuar leyendo


La tengo muy grande

O al menos eso es lo que me parece a mi. Los hay que están de acuerdo y los que opinan que no es para tanto.

Por ejemplo, mi novia dice que es normal, que la que es realmente grande es la de su jefe, que a veces se pone bizca y todo cuando se la mira. Pero la mía le gusta más porque le puede dar besitos.

En el trabajo hay opiniones diversas, mis compañeras no pueden evitar compararla con la de sus parejas. A alguna le parece enorme, otra dice que le parece desafiante, siempre mirando al frente. No falta quien dice que más que larga, le parece gorda. Aunque claro está, no tanto como la de los negros. Mi jefe dice que la que es enorme es la de el de recursos humanos y que además la punta siempre está tan rojita que le dan ganas de tocársela.

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Ser o no ser friki

La verdad es que algo sospechaba. Teniendo en cuenta mi afán por dominar el mundo utilizando para ello hordas de orcos y trasgos, el conocimiento de varias lenguas élficas,el disfraz de Harry Potter que guardo celosamente en el armario y el tatuaje en la frente con el rayito que le hizo Voldemort. El que mis perros se llamen Frodo y Pippin y que en la puerta de mi casa haya un cartel que rece: